Voluntaria Ecuatoriana Viaja por Primera vez a Taiwán: una Entrevista con Anita Sánchez

Anita, primera en la foto, con las otras voluntarias de su país. Foto por Jenyffer Ruíz

Por Hernán Goicochea

Publicación #10

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En noviembre del 2019, Anita Sánchez Alvarado formó parte del grupo de voluntarios de la oficina Tzu Chi Ecuador que por primera vez viaja a Taiwán para visitar la Morada Ching Shi y conocer en persona a la Maestra Cheng Yen. Fue su primera vez subirse a un avión comercial, mucho menos salir fuera del país.

Anita ha trabajado como voluntaria de Tzu Chi desde 2016, cuando la fundación llegó a Ecuador para ayudar a las víctimas del terremoto. En aquel entonces, grandes partes de las ciudades costeras de Canoa y Portoviejo se encontraban reducidas a escombros y muchas personas se quedaron sin viviendas. Mientras el país pasaba por un tiempo devastador, los voluntarios de la fundación habían llegado desde distintas partes del mundo (especialmente desde EE.UU. y Taiwán) para proporcionar ayuda humanitaria a las personas afectadas a través del programa Efectivo por Alivio. Este programa fue diseñado para levantar el ánimo general e impulsar la economía local; para que la gente se levante lo más pronto posible.

Anita conoció a la fundación luego de recibir ayuda. Desde entonces, participó en las labores sociales llevadas a cabo por Tzu Chi. Y cuando recibió la invitación de viajar a Taiwán para aprender más sobre la fundación y conocer a la Maestra, no dudó en aceptarla.

¿Cómo te sentiste esa primera vez que viajaste en avión?

Recuerdo haber sentido algo como entre la alegría y el miedo. Alegría por conocer a la persona, la cual me ha dado mucho amor, mucha compasión y esperanza. Porque prácticamente cuando uno sufre un desastre, uno queda con la autoestima baja y con las ganas de no seguir. Miedo por el avión. No dormí para nada durante el viaje.

Después de aterrizar en Taipéi, la capital de Taiwán, Anita junto al resto del grupo fueron recibidos por los voluntarios Martin Keh y George Chang, dos figuras centrales de la misión de alivio en Ecuador en 2016 y 2017.

¿Cómo te recibieron los voluntarios de Taiwán?

Nos recibieron con tanta alegría, tanto amor. Había tanta alegría de parte de todos, todos estábamos tan felices. La hospitalidad fue algo increíble. Algo que yo quisiera y anhelo tener ese mismo detalle con ellos cuando tengan la oportunidad de venir.

En Ecuador tenemos hospitalidad, pero allá es inigualable.

Los voluntarios de Tzu Chi Ecuador permanecieron en Taiwán durante 14 días. Durante esa estadía participaron en talleres de salud, del medio-ambiente, producción y muchos más.

El grupo de voluntarios que viajó a Taiwán, incluyendo la Hermana Mercedes de la iglesia de Canoa. Anita es la segunda persona del lado izquierdo. Foto por Jenyffer Ruíz

¿Qué aprendiste durante los talleres que se llevaron a cabo?

Son una inspiración para seguir por los resultados que hemos visto y digno de implementar aquí en nuestro país.

El vegetarianismo es un proyecto que poco a poco, estoy segura lo vamos a lograr. Pero también estoy segura que podemos lograr todo lo que nos propongamos, en especial el proyecto de reciclaje; ahora lo estamos empezando con el papel, y también esperando poder adquirir conocimientos en el transcurso del proyecto.

Los mensajes de la Maestra todos los días me llenaron e inspiraron más y más.

Sin embargo, la experiencia más impactante llegó cuando por fin conoció a la Maestra en persona durante una ceremonia donde los voluntarios de cada país expresaron sus gratitudes y experiencias ante Ella.

¿Qué sentiste al momento de por fin conocer a la Maestra?

Cuando íbamos a presentarnos ante Ella, fue una emoción que me temblaba todo, me quedé sin palabras. Quería acercarme y abrazarla. Allá tenías que saludar con respeto y no con abrazos y apapachos como se hace en Ecuador. Sentir a la Maestra muy cerca era un sueño cumplido. Fue una mezcla de paz y alegría. Algo que me incentivaba a decir ‘ok, soy joven; a veces me quejo de mis enfermedades, de mis dolencias, pero puedo hacer más’.

Tuvimos la oportunidad de verla en dos ocasiones. Cuando llegamos por primera vez y cuando volvimos, Ella pidió vernos otra vez. En la segunda vez, Ella estaba con suero. Entonces yo en ese momento prácticamente desvanecí, no resistí. Nos pusimos a llorar por todo lo que le estaba pasando. Yo la sentí muy cercana, así como si fuera mi familiar.

Finalmente llegó el día de regresar a casa, pero Anita no quería volver.

¿Por qué no querías regresar a Ecuador?

Era una cultura diferente a la nuestra; el cambio de horario fue un poco difícil, pero eso no nos detuvo. La hospitalidad y el amor con el que nos trataron en esta visita fueron tan hermosos que aumentó el compromiso a seguir. Me quedé con ganas de seguir compartiendo.

En la sala principal, la sala de Gratitud. Foto por Jenyffer Ruíz

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