En abril de 2024, el estado de Río Grande del Sur en Brasil se ve afectado por una inundación única en un siglo. Contra todo pronóstico, Tzu Chi realiza tres distribuciones en noviembre. A las 7 a.m. del 24 de noviembre, en Sao Leopoldo, una larga fila de residentes espera pacientemente afuera de la escuela que sirve como centro de distribución. Foto/Héctor Muniente
Entrevistas por: Chifen Lin, Héctor Muniente, Borja Campillo
Escrito por: Chifen Lin, Chen Chen, Hsiuling Wu, Jung Ning
Traducido y adaptado al español por: Gabriela Barzallo, Maria José Pacheco Valles
Editado por: M. Carolina Saheli y Gabriela Guandique
Publicación #25
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Inundación en Brasil: Amor que atraviesa Sudamérica
El viaje desde Los Ángeles a São Paulo, con conexión a Porto Alegre en Río Grande del Sur, implica más de 6,000 millas (unos 10,000 kilómetros). El avión voló de noche, cruzó el ecuador y aterrizó a en el hemisferio sur de Brasil tras más de diez horas de vuelo.
Siete voluntarios de Tzu Chi provenientes de la costa oeste de EE. UU.—Martín Kuo, Taipo Chu, Chao Tang, Shuyen Chen, Meichuan Kuo, Wenfang Chen y Chifen Lin—partieron desde Los Ángeles, mientras que Héctor Muniente y Borja Campillo lo hicieron desde Nueva York. Helena Hung, junto con su esposo Chungcheng Kao y Peiwen Wang, llegó desde Argentina. Desde Ecuador viajaron Jenyffer Ruiz, Boris García y su hijo Elian, y desde España, Weili Kao.
Voluntarios de cinco países, junto con voluntarios locales de Brasil, llegaron a Porto Alegre entre el 15 y el 20 de noviembre, Trayendo esperanza a una tierra devastada por una inundación centenaria.
La inundación centenaria que lo arrasó todo
“Mi casa estaba construida sobre pilotes. Las pequeñas inundaciones nunca habían causado gran impacto antes, pero esta vez…”, relató una sobreviviente con voz temblorosa. “El agua llegó hasta las ventanas frente a mis ojos, destruyendo los muebles y todo lo que había ganado en 42 años trabajando en mi salón de uñas…”. Hizo una pausa, se secó las lágrimas y continuó: “Lo más difícil ha sido que la memoria de mi madre empeoró después de la inundación. Ya no puede cuidarse sola, y ahora debo comprar medicinas, pañales, enfrentar la presión de reconstruir mi hogar… Apenas puedo respirar”.
La inundación arrasó Río Grande del Sur seguida de lluvias torrenciales que provocaron el desbordamiento de ríos, la caída de rocas y la ruptura de represas. Según el Servicio Geológico de Brasil, esta fue la peor inundación del país desde 1941, con niveles de agua que alcanzaron cifras récord en 150 años. Algunas ciudades quedaron sumergidas durante un mes completo; los campos desaparecieron y 580,000 personas fueron desplazadas. La inundación no solo destruyó hogares y tierras, también cobró la vida de 172 personas.
Adroildo Gonçalves documentó la tragedia con su teléfono celular, capturando el horror de la inundación y la desolación tras el descenso de las aguas. En su video, el agua engulle rápidamente la aldea: “El dique que debía proteger el vecindario colapsó, y todas las casas se inundaron. Cuando vimos que el agua desbordaba el dique, todos empezamos a correr hacia terrenos más altos. La situación empeoró rápidamente; las casas se inundaban una tras otra. Fue tan trágico que tuvimos que evacuar de inmediato porque el nivel del agua subía sin parar”.
Rogério, ex dueño de un negocio de reparación de motores, vio su vida destruida por la inundación. Hoy, solo el televisor montado en la pared, se salvó; la estufa, el refrigerador, el armario y los gabinetes quedaron inutilizables y fueron desechados.
Tras el retroceso de las aguas, las calles quedaron cubiertas de lodo, las casas colapsaron y los sobrevivientes se apiñaron en chozas improvisadas. Siete meses después, la situación sigue siendo difícil. El gobierno otorgó un subsidio de 900 dólares estadounidenses, suficiente solo para construir un refugio sencillo, pero no una vivienda adecuada. Muchos sobrevivientes en Sao Leopoldo no calificaron para los subsidios del gobierno debido a que sus casas estaban en terrenos irregulares, agravando sus dificultades.
Cuidados que recorren miles de kilómetros
Tras el desastre, el Centro de Servicios Tzu Chi en São Paulo informó a la sede global en Hualien. Sin embargo, uno de los grandes retos para los voluntarios fue la lejanía de la zona afectada, a más de 1,000 kilómetros de distancia. Incluso la oficina más cercana, en Ciudad del Este, Paraguay, está a más de 800 kilómetros. El número de familias afectadas por la inundación era muy alto. La ayuda a gran escala era difícil debido a la insuficiencia de los voluntarios en Sudamérica, los recursos limitados y la barrera del idioma. (Nota del editor: Brasil es el único país de Sudamérica donde se habla portugués; en el resto, se habla español).
A pesar de los obstáculos, los voluntarios no abandonaron a los sobrevivientes. Bajo la guía de la Maestra Cheng Yen, se movilizaron rápidamente. En mayo, voluntarios paraguayos enviaron 17,328 kilogramos de alimentos a las familias afectadas por las inundaciones en Foz do Iguaçu.
El 11 de junio, los voluntarios de Tzu Chi en Brasil, Shouyung Chen y Hesheng Lin, volaron a la zona de desastre en Canoas, hogar de 200,000 sobrevivientes. Durante el primer levantamiento de información, los voluntarios visitaron la ciudad de Sao Leopoldo, a 18 kilómetros de Canoas, donde se reunieron con el sacerdote local, el Padre Ezequiel. Él comentó que, aunque los sobrevivientes habían regresado a sus hogares y limpiado sus pertenencias en uno a dos meses, muchos enfrentaron problemas reales de subsistencia tras agotar la ayuda inicial en forma de alimentos y ropa.
Del 1 al 5 de agosto, los voluntarios brasileños realizaron la segunda fase de levantamiento de información. Siguiendo las instrucciones de la Maestra Cheng Yen, la voluntaria Helena Hung y su esposo, el Dr. Chungcheng Kao, viajaron desde Argentina para apoyar la labor. Junto con los líderes del equipo, Hesheng Lin, Shouyung Chen y Juchu Liu, el grupo llegó a Sao Leopoldo y visitó al Padre Ezequiel temprano a la mañana siguiente.
El rugido de un león
“La segunda evaluación estuvo llena de acontecimientos”, comentó Juchu Liu, voluntario encargado de documentar la labor. “Nos reunimos nuevamente con el Padre Ezequiel en la capilla del segundo piso de la iglesia. Esta vez, Helena Hung mostró una foto de la Maestra Cheng Yen y le explicó brevemente al sacerdote quién era la Maestra, los orígenes de Tzu Chi y el espíritu de la alcancía de bambú, que consiste en reunir bondad. Helena, a través del intérprete, enfatizó que Tzu Chi ha brindado ayuda en 136 países del mundo, sin importar religión ni raza. Además, Helena explicó al Padre Ezequiel que Tzu Chi siempre sigue los principios de ‘inmediatez, enfoque, pragmatismo y respeto’ en su labor de ayuda. Esperaba que él adoptara este modelo y colaborara en el proceso de registro”.
“El problema es que la iglesia no recluta voluntarios entre semana; solo algunos se acercan los fines de semana para ayudar”, comentó el Padre Ezequiel, mostrando cierta reticencia ante la solicitud de Helena. Expresó su preocupación por la falta de voluntarios para realizar el registro. Sin darse por vencida, Helena continuó hablando sobre Tzu Chi y descubrió que el Padre Ezequiel hablaba español y cambió al idioma para reforzar su confianza.
Juchu Liu recordó: “Después de escucharla, el padre no dio una respuesta afirmativa ni negativa. En medio del incómodo silencio, la Hermana Helena se levantó y dejó escapar un rugido de león. Luego, con la perseverancia de un camello, comenzó nuevamente a hablarle con paciencia: ‘Estoy representando a nuestra Maestra. Cuando la Maestra ve sufrimiento, debe actuar, así que definitivamente vamos a ayudar’. El sacerdote comentó que nunca había encontrado una organización de caridad que viniera de tan lejos con tanta determinación y perseverancia para ayudar”.
Tras escuchar a Helena Hung, el Padre Ezequiel no accedió explícitamente a colaborar en el registro, pero expresó su disposición para acompañar a los voluntarios de Tzu Chi a visitar el Servicio Comunitario de Ayuda Mutua y conversar con los representantes de la oficina local esa tarde. “Nos reunimos y dialogamos con Adroildo y Uilson”, relató Juchu Liu.
Sorprendentemente, mientras Helena compartía el espíritu de Tzu Chi, el Padre Ezequiel relató la historia de la alcancía de bambú mencionando las treinta amas de casa en 1966 y las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen sobre colocar monedas en la alncancía diariamente y reunir buenos pensamientos. “Lo explicó de manera tan clara que todos estábamos muy conmovidos”, expresó Helena Hung.
Los representantes comunitarios presentes manifestaron su disposición para ayudar a Tzu Chi a buscar voluntarios en la comunidad tras escuchar al padre y a los voluntarios. Gracias a la introducción y estímulo de Helena Hung, el Padre Ezequiel aceptó el concepto espiritual de la Maestra Cheng Yen y acordó colaborar en el registro.
Tras la segunda reunión informativa, el 5 de agosto, la Maestra Cheng Yen comentó: “Parece que los efectos del desastre aún son muy visibles. Si vamos ahora y empezamos a actuar, todavía podremos ayudar”.


La segunda evaluación se realiza varios meses después del desastre, pero no hay señales de reconstrucción. La sensación de desamparo es aún más evidente en medio del viento y la lluvia. Foto/Juchu Liu
Bodhisattvas en acción
El proceso de registro no fue fácil. La solicitud del gobierno brasileño de información privada, como tarjetas de impuestos, generó preocupación entre algunos sobrevivientes. Representantes del vecindario acompañaron a los voluntarios a visitar cada hogar, escuchando pacientemente y comprendiendo las necesidades de cada familia. Helena Hung expresó con sinceridad a los residentes: “Estamos aquí para acompañarlos en este momento difícil”. Sus palabras conmovieron profundamente a los sobrevivientes, y muchos se unieron a los voluntarios, convirtiéndose en parte del equipo de Tzu Chi.
Durante la tercera evaluación, el equipo visitó otra zona afectada, Eldorado do Sul, y trabajó con Simone, líder local de la Asociación de Ayuda Mutua, presentada por la señora Shen, madre de un empresario taiwanés. Helena Hung le dijo: “La Maestra ha escuchado el clamor de los sobrevivientes, y nosotros somos las manos y los pies de la Maestra. Estamos aquí para ayudar”. Conmovida, Simone abrazó la foto de la Maestra con lágrimas en el rostro. Aceptó ayudar en el registro de 600 hogares e invitar a 40 sobrevivientes a unirse como voluntarios para promover la ayuda.
Después de siete meses, Tzu Chi completó el registro de 2,000 familias, pero las distribuciones fueron aún más desafiantes debido a la capacidad limitada de los voluntarios brasileños. Cuando la Maestra Cheng Yen dijo: “Sería maravilloso si pudieran ir”, el voluntario estadounidense Martín Kuo se apresuró a organizar un equipo para viajar a Brasil. Unió fuerzas con voluntarios de Argentina, España y Ecuador, formando un equipo multinacional que se convirtió en un sólido apoyo para los voluntarios brasileños.
Cuando el equipo llegó a Sao Leopoldo, dedicaron tiempo para conocer la situación en la zona afectada, guiados por Adroildo, un sobreviviente del desastre y miembro del Servicio Comunitario de Ayuda Mutua. Tras el desastre, Adroildo pasaba cada día recorriendo las aguas en su kayak para ayudar a las familias afectadas.
Los voluntarios caminaron por el camino embarrado hasta las ruinas de la casa de Adroildo. Aunque perdió todo debido a una inundación y un incendio, en la mesa de su casa había avisos de distribución de Tzu Chi cuidadosamente ordenados. “Es conmovedor ver que, incluso en una situación tan difícil, Adroildo encuentra tiempo para ayudar a los demás. En tan poco tiempo, incluso se preparó en su casa e hizo todo lo posible para ayudarnos y apoyarnos”, comentó el voluntario Chuhisen Ke.
La ayuda de Tzu Chi puede cambiar la vida de más de 1,500 familias en el área de Sao Leopoldo, permitiendo que los sobrevivientes reciban asistencia y llevando amor, felicidad y consuelo a las familias afectadas por el dolor.
Adroildo Gonçalves
Sobreviviente y voluntario local
El 19 de noviembre, un equipo de ayuda compuesto por voluntarios de los vecindarios afectados y de varios países partió hacia Eldorado do Sul con el logo de Tzu Chi en el parabrisas. Aunque la lluvia había cesado, el cielo seguía nublado y todo el paisaje estaba cubierto de agua. En la distancia, un edificio parecía una isla aislada.
Al llegar, Elian, un voluntario de Ecuador con un chaleco de Tzu Chi, comentó: “Soy el hijo de Boris García. Mi papá se unió a Tzu Chi después del terremoto en Ecuador, y esta vez estamos aquí para ayudar con las distribuciones. Estoy aquí para aprender, incluyendo cómo ser voluntario y formar parte de Tzu Chi en el futuro”.
Boris no pudo ocultar su orgullo al hablar de su hijo, Elian: “Vine con mi hijo. Esto no es nuevo para él porque siempre lo hacemos juntos como familia. Pero esta experiencia es especial para él porque es su primera vez participando en un esfuerzo de ayuda por desastres transnacional”.
El equipo de ayuda completó la primera sesión de entrenamiento para voluntarios locales en el Ayuntamiento de Eldorado Do Sul el 19 de noviembre. El 20 de noviembre, bajo una llovizna, los voluntarios se dirigieron juntos a la escuela EMEF Paulo Beck en Sao Leopoldo, donde capacitaron a 41 voluntarios locales para los eventos de distribución del 22 al 24 de noviembre.
Sobrevivientes bendecidos
“No hay nadie en el mundo a quien no ame; esta es nuestra filosofía en Tzu Chi. Siempre cuidar de los demás,” afirmó Helena Hung durante la capacitación de voluntarios locales el pasado 20 de noviembre. Hung destacó que, a pesar de haber sido afectados por el desastre, los participantes fueron “bendecidos” en otros aspectos. Sus palabras conmovieron a muchos hasta las lágrimas.
Rosangela Vanacor, una residente que perdió todo en las inundaciones, expresó su gratitud y dijo: “Perdimos todo debido a las inundaciones, y lo Tzu Chi ha hecho por nosotros es conmovedor. Por eso, voy a unirme para retribuir lo recibido.”
Maqueli Brião, voluntaria local que también perdió su hogar, compartió entre lágrimas: “Mi vida fue arrasada por las inundaciones; perdí toda mi casa. Recién regresé hace dos semanas. Ver a otras personas llorar también me entristeció… Mi mamá me enseñó que siempre podemos ayudar de alguna manera sin esperar nada a cambio. Por eso vine como voluntaria. Siento que soy parte de Tzu Chi.”
Durante la capacitación, Helena Hung, acompañada por un intérprete voluntario y Beth, la nuera mayor de la señora Shen, guió a los participantes en la práctica de la pronunciación de “Tzu Chi” en chino. Los voluntarios, que hablaban diferentes idiomas, repitieron el nombre en varias ocasiones bajo la guía de Hung, quien los alentó con frases como: “¡Eso está bien! ¡Muy bien!”. Al final de la sesión, varios voluntarios compartieron sus historias personales y su conexión con la organización. Helena Hung enfatizó la importancia de estas interacciones: “Estamos conectados, y esto es lo que la Maestra Cheng Yen espera. Es fundamental que conozcan Tzu Chi y que plantemos las semillas del amor.”
Simone Boneberg, directora de la Asociación de Ayuda Mutua Comunitaria de Eldorado do Sul, fue una figura clave en la colaboración entre Tzu Chi y los voluntarios locales. Durante la capacitación, destacó el impacto del trabajo en equipo: “El 96% de nuestros residentes fueron afectados por las inundaciones provocadas por la tormenta. Cuando los voluntarios de Tzu Chi vengan a nuestra ciudad más de 530 familias recibirán ayuda gracias a su generosidad. La Maestra Cheng Yen es tan compasiva y extiende el amor a todas las personas, lo que nos inspira a cuidar de los demás también.”
Los preparativos para la distribución comenzaron un día antes en el estadio de Eldorado do Sul, donde se llevó a cabo el evento. La falta de mobiliario fue un desafío inicial, pero Simona Bornberg logró reunir 310 sillas y 60 mesas que consiguió tras pedir ayuda en negocios y restaurantes de la zona. Los voluntarios trabajaron arduamente organizando suministros y colocando calcomanías de Tzu Chi en preparación para el primer día de distribución.
El esfuerzo conjunto entre Tzu Chi y la comunidad de Eldorado do Sul resalta el poder de la solidaridad y la compasión en la adversidad, dejando una huella imborrable en los corazones de todos.





El equipo de ayuda trabaja durante días para la primera distribución del 22 de noviembre. Cuando se izan las banderas budistas y de Tzu Chi, el ambiente en el gimnasio comunitario de Eldorado Do Sul se llena de alegría y esperanza. Foto/ Chuhsien Ke
240 Cartas de agradecimiento
El 22 de noviembre, después de cinco meses de preparación, llegó el día de la distribución en Eldorado do Sul. A las 6:00 a. m., el equipo de Tzu Chi encontró a personas haciendo fila fuera del recinto, ansiosas por recibir ayuda.
Antes de comenzar la distribución, los voluntarios de Tzu Chi hicieron una ceremonia de entrega de uniformes para los voluntarios locales. En un ambiente cálido y lleno de bendiciones, cada voluntario local se colocó el chaleco que simboliza responsabilidad y amor, convirtiéndose oficialmente en portadores de esperanza y marcando la siembra de las primeras semillas del espíritu de Tzu Chi en esa comunidad.
Chao Tang, voluntario de la sede central en Estados Unidos, compartió la historia de la alcancía de bambú: “La Fundación Tzu Chi promueve el concepto de que una pequeña cantidad de dinero puede tener un gran impacto, y esperamos que cada persona haga un buen deseo cada día”. Muchos depositaron monedas en la alcancía, demostrando que también podían tomar acción. Una persona dijo: “Cuando estemos mejor, me gustaría donar dinero cada día para ayudar a más personas”. El recinto se llenó de una atmósfera cálida y emotiva. La canción en lenguaje de señas “Una Familia” unió los corazones de los sobrevivientes y los voluntarios, creando un momento de profunda conexión.
Nadie nos había ayudado después del desastre, ustedes son los primeros.
Una sobreviviente
Después de recibir su tarjeta de ayuda, una mujer salió llorando y agradeció a los voluntarios. Otros, sorprendidos al conocer el monto de la ayuda, preguntaban: “¿Esto es real? ¡No lo puedo creer!”
Inundación en Brasil: Amor que atraviesa Sudamérica
Con su recién nacido en brazos, una madre expresó su gratitud, diciendo que el dinero sería para alimentos y pañales. Otra sobreviviente compartió que usaría la ayuda para un chequeo médico. La cantidad variaba según el número de integrantes en la familia: $500 para familias de una o dos personas, $750 para familias de tres o cuatro, y $1,000 para familias de cinco o más, lo cual equivale al salario promedio mensual en la región.
El sitio de distribución estaba impregnado de gratitud. Muchos sobrevivientes escribieron cartas de agradecimiento y se las entregaron a los voluntarios. Se recibieron 240 cartas llenas de bendiciones y gratitud hacia la Maestra Cheng Yen, testimonio del impacto de la distribución. Un sobreviviente compartió con entusiasmo: “Somos admiradores de la Maestra, quien nos enseñó a creer en el amor”. Estas palabras conmovieron profundamente a los voluntarios.“Nunca había recibido tantas cartas de agradecimiento en otros países”, comentó un voluntario de Tzu Chi, “Esta es una comunidad muy agradecida”.
La distribución en Eldorado do Sul no solo brindó alivio material, sino que fortaleció los lazos de solidaridad y esperanza entre sobrevivientes y voluntarios.
¡Lo que dijeron era cierto!
“¡Lo que dijeron era cierto!” exclamó una voluntaria local, emocionada y entre lágrimas, mientras abrazaba a Juchu Liu, una voluntaria de Brasil y exclamó: “¡Tzu Chi realmente regresó!” Durante meses, colaboró en el registro y capacitación de voluntarios, pero mantenía dudas sobre el regreso de Tzu Chi. Tras dos días de servicio, finalmente creyó en la promesa y abrazó a Juchu Liu con lágrimas en su rostro. Juchu Liu sacó un pañuelo para secar sus lágrimas, y sus propios ojos se humedecieron. Ese pañuelo fue testigo de un momento de emoción y gratitud.
El 23 y 24 de noviembre, la Escuela EMEF Paulo Beck en Sao Leopoldo recibió al equipo de Tzu Chi para una distribución destinada a 1,500 familias afectadas. Las casas de ladrillo sin reparar y las paredes dañadas por el agua reflejaban silenciosamente la dureza de la vida tras el desastre y los largos meses de reconstrucción. Uilson, representante del Servicio Comunitario de Ayuda Mutua, juntó las manos con emoción y exclamó: “He esperado este momento durante más de cinco meses, y finalmente se ha hecho realidad.”
Los residentes de Sao Leopoldo, que ya enfrentaban dificultades económicas antes del desastre, vieron sus vidas agravadas por las inundaciones. A las 7:00 a. m., una larga fila se formó frente a la escuela, donde los residentes esperaban pacientemente mientras la policía mantenía el orden. Dentro del recinto, los voluntarios decoraban con banderas, colocaban números en las mesas y configuraban computadoras para recibir a los sobrevivientes.
El subdirector de la escuela, Luciano Peixoto, quien conoció a los voluntarios de Tzu Chi pocos días antes, se unió como voluntario. Con el chaleco de uniforme , se posicionó en la línea de distribución junto a los demás. Quince voluntarios de Eldorado do Sul también cruzaron distritos para ofrecer su apoyo, sumando calidez y esperanza al evento.
“Somos de Taiwán. La Maestra quiso que llegáramos antes de la Navidad para que todos puedan tener unas fiestas llenas de alegría,” dijo suavemente Helena Hung durante la ceremonia de apertura. Miró a los presentes y preguntó: “Somos budistas y ustedes cristianos, ¿cómo logramos conectarnos?” Luego señaló a los voluntarios locales: “Por el gran amor. Ellos pasaron de ser sobrevivientes del desastre a voluntarios, y mientras sus corazones sean puros, habrá cada vez más personas buenas.” Sus palabras tocaron los corazones de personas de diferentes creencias y culturas.
Por primera vez, se cantó una versión en portugués de la canción “Una Familia” en el sitio de distribución. Grabada por un amigo de Berenice, voluntaria local, la melodía, junto con el lenguaje de señas de los voluntarios, resonó con las líneas: “Porque somos una familia, creemos el uno en el otro y estamos agradecidos”. Estas palabras aliviaron los corazones heridos entre la multitud. Algunos asistentes sacaron sus teléfonos para grabar este hermoso momento.
A medida que avanzaba la distribución, las tarjetas de suministro brindaban esperanza. Un residente, al saber que la asistencia monetaria cubriría sus necesidades inmediatas, relajó su expresión tensa y expresó su gratitud. La distribución trajo alivio material y un mensaje de unidad y esperanza para la comunidad.
Una luz de esperanza
Cada familia tenía una historia difícil de contar y en la distribución del 23 de noviembre, encontraron oídos atentos y esperanza.
Ester, una voluntaria brasileña, notó a una anciana cargando a su nieta y la ayudó. La mujer, que sufre de diabetes, depende de subvenciones del gobierno y de recoger materiales reciclables para mantener a sus cuatro nietos. La más pequeña, de poco más de un año, padece una enfermedad cardíaca. Las inundaciones destruyeron su hogar, forzándola a desplazarse con los niños durante tres meses. Ahora viven en un pequeño refugio alquilado. A pesar de las adversidades, la anciana afronta la vida con una sonrisa llena de amor: “Muchas gracias por la ayuda de Tzu Chi.”
A la salida del sitio de distribución, un hombre abrazó fuertemente a Helena Hung, con lágrimas en los ojos. Plomero de profesión, perdió su casa. Inicialmente, se mostró escéptico sobre la llegada de Tzu Chi. Sin embargo, al recibir su tarjeta de ayuda y ver la historia de Tzu Chi en un video, su corazón se conmovió profundamente. Desde la última fila, observó cada escena con atención y les dijo a los voluntarios: “Ahora conozco a la Maestra, y estoy agradecido con ustedes.” Helena Hung le tomó la mano y respondió: “Traemos el amor de Dios a tu corazón. Si un día tu vida mejora, por favor, transmite este amor.” El hombre asintió con los ojos brillando de esperanza.
Las historias eran diferentes, pero compartían heridas similares. Una anciana, con dos hijos: uno con discapacidad mental y otro desempleado, sobrevive con su escasa pensión. La inundación destruyó su hogar. Esta ayuda le permitirá comprar artículos necesarios y encontrar un poco de estabilidad.
Las semillas de amor han echado raíces
Voluntarios locales de Eldorado do Sul viajaron para apoyar la distribución en Sao Leopoldo. El 24 de noviembre, Simone y su equipo se encontraban desde temprano junto a la carretera, bajo la brisa matutina, esperando la llegada de los voluntarios de Tzu Chi. “¡Bom dia (buenos días)!” Los saludos resonaron con alegría y entusiasmo mientras los voluntarios descendían del autobús.
Durante la ceremonia de apertura, Helena Hung lideró una oración: “Si quieren llorar, lloren…” Desde el público, algunos inclinaban la cabeza y lloraban en silencio, mientras otros se tomaban de las manos en un gesto de apoyo mutuo. En el escenario, Adroildo y Uilson, siempre fuertes, no pudieron contener las lágrimas, liberando la presión acumulada durante meses.
En los últimos meses, ambos dedicaron sus esfuerzos a visitar hogares, dejando sus trabajos para asegurarse de que cada sobreviviente recibiera ayuda. Adroildo, visiblemente emocionado, declaró: “Estoy tan agradecido de que la Maestra me haya escuchado. La ceremonia de hoy me tocó profundamente, porque la Maestra es compasiva y cuida a quienes más lo necesitan.”
Solía pensar que era incapaz de ayudar a otros, pero la Maestra utilizó su poder para difundir amor a través de nosotros. Ahora he aprendido cómo transmitir ese amor a mi familia y a muchas más personas.
Adroildo Gonçalves,
sobreviviente del desastre y representante del Servicio Comunitario de Ayuda Mutua
Con voz baja, Adroildo compartió con los voluntarios un momento personal: su exesposa llegó al evento con sus hijos para recoger las tarjetas de asistencia. Al presenciar la ceremonia de apertura y ver su dedicación, ella le propuso volver a casarse. Esta alegría se reflejaba en su rostro y contagió a los voluntarios presentes.
Uilson reflexionó sobre sus esfuerzos y comentó con emoción: “Fuimos de casa en casa para compilar la lista de hoy. Aunque el proceso fue difícil, valió la pena al ver a las personas recibir la ayuda.” Agregó: “Tzu Chi nos ha dado la oportunidad de cumplir nuestra misión.” Con una sonrisa de confianza y gratitud, afirmó: “Siento que Tzu Chi es como un mensajero enviado por Dios para ayudarnos a superar este momento difícil.” Convencido, declaró: “Me gustaría convertirme en voluntario de Tzu Chi y continuar este amor con mis acciones.”
De pronto, una melodía familiar comenzó a sonar. La versión en portugués de “Una Familia” llenó el ambiente. Para sorpresa de todos, la dueña de la voz apareció discretamente. Pequeña y algo tímida, cantó con fuerza: “Porque somos una familia”, llenando el lugar con una calidez que abrazó cada corazón.



Durante tres días, el equipo multinacional de Tzu Chi distribuyó 1.26 millones de dólares en tarjetas de asistencia a 2,034 hogares afectados. La distribución concluyó exitosamente el 24 de noviembre, justo antes de la temporada festiva. Estas jornadas no fueron solo distribuciones, sino el inicio de las semillas del amor plantadas en esta tierra, esperando brotar y crecer en el próximo año, trayendo una esperanza infinita.
Con el apoyo continuo de voluntarios comprometidos y el espíritu de solidaridad en la comunidad, el legado de amor y compasión de Tzu Chi promete seguir floreciendo, iluminando el camino para aquellos que más lo necesitan.