Asistentes a los eventos escriben notas de agradecimiento. Foto: Shuli Lo
Por María Pacheco
Publicación #26
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En enero de este año, una serie de incendios forestales afectaron gravemente el condado de Los Ángeles. No solo destruyeron viviendas y paisajes, sino que también dejaron al descubierto las profundas vulnerabilidades de la comunidad latina, un sector históricamente invisibilizado en los procesos de recuperación tras desastres naturales. Sin embargo, en medio de la desesperanza, Tzu Chi USA se convirtió en símbolo de solidaridad y apoyo.
El 26 de enero, el Centro de Servicio del Valle de San Gabriel y el Centro de Servicio de West Los Ángeles de Tzu Chi iniciaron sus operaciones de ayuda humanitaria de manera simultánea. Ese día, se distribuyeron un total de 311,900 dólares en tarjetas de efectivo, brindando apoyo inmediato a las familias afectadas. Dentro de esta labor, la Oficina de Enlace de Loveland asistió a 183 hogares, asegurando que las comunidades más vulnerables recibieran el auxilio necesario.
Posteriormente, el 22 de enero, Tzu Chi USA llevó a cabo una segunda jornada de distribución de ayuda para las víctimas del incendio en Los Ángeles. En el Centro de Servicio de West Los Ángeles, los voluntarios entregaron suministros esenciales a 43 hogares, llevando consigo no sólo recursos materiales, sino también mensajes de amor y esperanza para quienes enfrentan el difícil proceso de reconstrucción. Durante ambos eventos de entrega de ayuda Tzu Chi brindó una mano amiga a latinos que perdieron todo durante los incendios.
Historias de pérdida y resistencia
Frank Villanueva, inmigrante latino, aún recuerda con dolor cada rincón de la casa que habitó por años en Alameda Street. Un hogar modesto, repleto de recuerdos y sueños, que el fuego consumió sin piedad. “Era mi casa, 876 Alameda Street. Se quemó completamente. Nosotros éramos felices porque no teníamos problemas. Pero pasó lo que pasó”, cuenta Frank, con la voz entrecortada. Su familia, como tantas otras, lo perdió todo y, además, tuvo que enfrentar la indiferencia de los propietarios de la vivienda alquilada. No recibieron ninguna ayuda de los dueños y quedaron literalmente en la calle.
“Mi familia depende de mí. No tenemos nada, necesitamos empezar de cero otra vez”, dice Frank. En ese panorama sombrío, Tzu Chi USA se convirtió en una luz inesperada. “Muchas personas nos han ayudado, pero Tzu Chi nos ayudó más de lo que imaginé. Nunca pensé que nos darían dinero. Pensé que sería ropa o comida, pero nos dieron 1,500 dólares. Ese dinero nos ayudará muchísimo. Mi familia estará muy feliz porque con eso podemos buscar otro Airbnb donde quedarnos.”
Con lágrimas en los ojos, Frank agradeció el gesto y prometió que, cuando su situación mejore, quiere ser parte de esa cadena de ayuda. “Siento en mi corazón que todo va a estar bien. Estoy seguro de que vamos a superar esto. Tenemos que seguir adelante.”
La historia de Frank es solo una de tantas. Manuel Rodríguez y María Cisneros, una pareja de jardineros, también vieron cómo las llamas de Malibu devoraron no solo su hogar, sino los frutos de más de tres décadas de trabajo. “Vivíamos en una propiedad rentada y allí lo perdimos todo. Nuestra casa, nuestro equipo de trabajo, nuestro sustento. Nos quedamos sin nada”, explica Manuel.
Desde hace años trabajaban en jardinería, ofreciendo sus servicios en propiedades de la zona. Al quedarse sin herramientas y sin hogar, recurrieron al Centro de Recuperación de Tzu Chi en Chico. “Tzu Chi nos dio comida, dinero y mucha atención. Son muy amables y siempre nos preguntan cómo estamos”, cuenta María.
Actualmente, Manuel y María viven en un refugio comunitario, durmiendo en colchonetas y compartiendo espacio con decenas de familias desplazadas. La incertidumbre es constante, pero el apoyo de Tzu Chi ha sido un salvavidas. “Esta es la primera organización que nos ayuda con dinero, comida y ropa. Se los agradecemos de corazón.”
La ayuda recibida no es solo material, también es emocional. Saber que hay alguien preocupado por su bienestar les da fuerzas para seguir. “Tenemos que cooperar con quien lo necesite. Lo que nos dieron nos ayudará a empezar de nuevo. Perdimos todo, el trabajo de 30 años, pero tenemos la esperanza de que con esfuerzo y apoyo vamos a salir adelante.”
Su hijo, que vivía en un tráiler dentro de la misma propiedad, también lo perdió todo. “No tenemos dónde vivir ahora. No podemos ni volver al terreno porque sigue siendo peligroso. Tenemos que esperar, tener paciencia y confiar en que algo bueno vendrá”, agrega Manuel.
La vulnerabilidad latente
Lo vivido por Frank, Manuel y María refleja una realidad mucho más amplia. Según un informe reciente del Instituto de Políticas Latinas y Políticas Públicas de UCLA y el Centro de Conocimiento Vecinal de UCLA, los incendios de Palisades, Hurst y Eaton no solo devastaron las áreas directamente afectadas, sino que extendieron su impacto de manera desproporcionada sobre las comunidades latinas y otras poblaciones vulnerables.
Estos incendios dejaron al descubierto las múltiples capas de vulnerabilidad que enfrenta la comunidad latina en el condado de Los Ángeles: desde la alta exposición a la contaminación del aire y la falta de seguro médico, hasta la dependencia de empleos que requieren presencia física, como la jardinería, la construcción y la agricultura. Según el informe, el 17% de los trabajadores en vecindarios latinos desempeñan labores al aire libre, en comparación con sólo el 6% en comunidades blancas. Durante y después de los incendios, estos trabajadores no solo vieron interrumpidas sus fuentes de ingreso, sino que también quedaron expuestos a enfermedades respiratorias por la contaminación atmosférica.
Además, el acceso limitado a la atención médica agrava la situación. Sin seguro médico y con barreras lingüísticas y económicas, muchos latinos posponen la atención hasta casos críticos, aumentando los riesgos de salud a largo plazo.
Tzu Chi: Un puente de solidaridad
Ante este panorama, la labor de Tzu Chi USA se ha convertido en un pilar fundamental. La organización no solo brinda ayuda inmediata en forma de alimentos, ropa y asistencia monetaria, sino que acompaña a las familias en su proceso de recuperación a largo plazo.
La filosofía de Tzu Chi, basada en la compasión y la acción desinteresada, resuena con fuerza entre los latinos afectados. “Es un apoyo que se siente en el alma. No es solo lo que te dan, es cómo te hacen sentir. Te hacen saber que no estás solo, que alguien se preocupa por ti y te quiere ver salir adelante”, comenta Frank Villanueva.
Hacia una recuperación equitativa
A medida que Los Ángeles avanza en el largo proceso de reconstrucción, es fundamental que las necesidades específicas de la comunidad latina no queden relegadas. La combinación de factores de riesgo—desigualdad económica, exposición a la contaminación, empleo precario y barreras de acceso a la salud—requiere un enfoque de recuperación que no solo repare lo material, sino que aborde las causas estructurales que agravan la vulnerabilidad.
Tzu Chi ha demostrado que la ayuda puede ser efectiva y compasiva al mismo tiempo. Su presencia constante en las comunidades afectadas y su compromiso con un acompañamiento respetuoso y culturalmente sensible marcan una diferencia tangible.
Para Frank, Manuel y María, el camino hacia la recuperación es largo, pero ya no caminan solos. Tzu Chi ha tendido un puente de esperanza que les permite mirar al futuro con menos miedo y más confianza. En medio de la ceniza, renace la esperanza.