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Tutorías después de los incendios en California

I-Chih Sun, voluntaria de Tzu Chi, lee libros a los niños de la escuela Aveson Charter. Foto/Ihsuan Tsai

Escrito por Sophie X. Song
Traducido por Juan Bonilla

Publicación #27

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El martes 20 de mayo de 2025, voluntarios de la Fundación Educativa Tzu Chi visitaron, como de costumbre, las escuelas Aveson Charter y Altadena Arts Magnet en Pasadena, California, para ofrecer apoyo académico a estudiantes afectados por los incendios forestales. Tras seis semanas de convivir, se había creado un vínculo especial. Ese día, mientras se despedían con sonrisas, los niños le decían a la voluntaria Rosi Ueng: “¡Nos vemos la próxima semana, señorita Rosi!, sin saber que el ciclo escolar había concluido”, Ni siquiera pude despedirme de los niños,” recordó conmovida.

Visitando escuelas una por una

A inicios de 2025, los incendios forestales devastaron el sur de California, afectando el área de Los Ángeles. En respuesta, Tzu Chi activó de inmediato la distribución de suministros y tarjetas de asistencia económica, seguidas por programas de apoyo a mediano y largo plazo. No obstante, las secuelas del desastre generaron un panorama caótico, lo que dificultó la coordinación entre la Fundación Educativa Tzu Chi y las escuelas locales desde el inicio.

“Debbie Lee —entonces directora ejecutiva de la Fundación Educativa y hoy al frente de Tzu Chi USA—, quería ofrecer apoyo continuo a las zonas afectadas. Me pidió contactar a las escuelas para conocer sus necesidades”, recordó Phil Huang, director administrativo. “Primero escribí al superintendente del distrito escolar de Pasadena, pero solo me remitieron a un sitio web para donaciones o registro de voluntarios. 

Al no lograr avances, Huang contactó a un miembro de la Legislatura Estatal de California, pero tampoco recibió respuesta. Más tarde se enteró de que el distrito escolar estaba en una crisis debido a recortes presupuestarios severos, escuelas destruidas y despidos de maestros por los incendios.

Al ver que no podían seguir esperando, Huang decidió conducir casi dos horas hasta la zona del desastre para evaluar la situación en persona. Junto a Hazel Kuang, directora de Desarrollo y Alcance de Educación de Valores, recorrieron directamente las escuelas afectadas. “Había muchas escuelas quemadas. Después de manejar toda la tarde, hablé con dos personas que encontré en el sitio web del distrito un comunicado con una lista de las escuelas destruidas y sus reubicaciones. Con esa información, trazamos una ruta y pasamos dos días visitándolas. Así fue como logramos contactar a las directoras de Aveson y Altadena”.

Escuelas en caos

Finalmente, en febrero de 2025, Phil Huang y Hazel Kuang visitaron por primera vez los campus temporales de las escuelas Aveson y Altadena. Lo que encontraron fue desolador, instalaciones devastadas y caos.

“Los muebles y suministros donados seguían apilados en los pasillos. La directora de Aveson improvisó una oficina con pupitres y sillas junto al baño, y no había ni ganchos para colgar las mochilas”, relató Kuang. “En Altadena era igual. Estaban en un edificio abandonado sin espacio suficiente. Dos maestras y más de 40 niños compartían un solo salón”.

Pero el reto mayor era recuperar el tiempo de clases perdido. Los docentes no podían seguir sus planes de estudio habituales y no tenían la capacidad para abordar el rezago académico de los estudiantes y el trauma emocional al mismo tiempo. “La principal preocupación de la directora y los maestros era el aprendizaje de los niños”, comentó Huang. “Muchos no sabían ni por dónde empezar”.

Antes, las escuelas seguían planes claros: sabían exactamente cuándo enseñar cada lección y qué materiales solicitar. Ahora, todo debía reconstruirse desde cero. Era evidente cuán profundamente los incendios habían alterado su normalidad.

Escuchando sus necesidades

Tras los incendios forestales, los voluntarios de Tzu Chi se movilizaron de inmediato para identificar y comprender las necesidades más urgentes de los sobrevivientes. En particular, el equipo de la fundación educativa se enfocó en conocer mejor los retos que enfrentaban padres y estudiantes.

“Una madre nos contó que la escuela de su hijo tuvo que ser reubicada tras quedar destruida por el fuego”, comentó Kuang. “Algunas familias se vieron obligadas a mudarse porque las escuelas quedaban demasiado lejos, lo que representó grandes dificultades para los padres en términos de transporte y cuidado de sus hijos.”

Durante las visitas a las escuelas, los voluntarios se enfocaron en comprender a fondo las necesidades de cada centro educativo, con la esperanza de que el apoyo de Tzu Chi respondiera verdaderamente a lo que maestros y estudiantes necesitaban. “El impacto en Altadena fue especialmente notorio. En su antiguo campus, adultos mayores de una residencia cercana solían venir a leer con los niños y ayudarlos con tutorías. Ahora que la escuela está reubicada, esa conexión se perdió”, explicó Kuang.

Kuang también resaltó la afinidad entre Aveson y Tzu Chi. “Los maestros nos decían: ‘Aquí no regañamos a los niños’. Y con una sonrisa respondí: ‘En Tzu Chi tampoco creemos en regaños ni en el castigo físico!’”

La voluntaria Shuting Yu se inclina amablemente para acompañar a los niños mientras disfrutan de la lectura de libros ilustrados. Foto/Ihsuan Tsai

Considerando las necesidades específicas de cada escuela, se diseñaron dos programas distintos: en Aveson, se priorizó la educación en valores y la tutoría académica; en Altadena, el objetivo fue llenar el vacío dejado por los voluntarios mayores mediante clubes de lectura y tutorías. “Esperamos que, incluso en medio de tanta incertidumbre, la educación en valores de Tzu Chi pueda ofrecer a los niños una fuente constante de fortaleza”, afirmó Huang.

Tutores voluntarios se movilizan

Una vez establecidos los planes de ayuda, la Fundación Educativa comenzó a reclutar voluntarios. Dado que se trataba de un programa a largo plazo con interacción directa y cercana con menores, fue necesario cumplir con los estrictos requisitos exigidos por las escuelas públicas, como pruebas de tuberculosis, toma de huellas digitales y verificación de antecedentes”, explicó Kuang. “Agradecemos profundamente a quienes participaron, incluso sacrificando tiempo de sus trabajos”, añadió. “Estamos realmente conmovidos por la disposición de tantos voluntarios a involucrarse, a pesar de los retos personales que implicaba.”

El transporte representó otro gran desafío en Los Ángeles. Para asistir a las sesiones de tutoría matutinas, los voluntarios debían salir temprano y recorrer largas distancias. “Me toma una hora y media llegar a la escuela, así que tengo que salir de casa a las 7:20 a.m.”, comentó Yulin Shaw, voluntaria en Altadena.

Shaw tenía dudas sobre ofrecer tutorías en inglés debido a su pronunciación, y no estaba segura de poder hacerlo bien. Sin embargo, todo cambió tras participar en una distribución. “Vi lo desanimados que estaban los sobrevivientes. Muchos lloraban. Cuando escuché que los niños necesitaban atención y cuidado especial fue que me convencí en ir”, compartió Shaw.

Motivados por el deseo de ayudar, los voluntarios iniciaron las sesiones semanales de tutoría. “En nuestra primera visita, leímos libros ilustrados. La maestra había preparado diez tarjetas de vocabulario. Algunos niños podían deletrear las palabras, pero no entendían su significado”, relató Shaw.

Ver cómo aprendían los niños me impactó profundamente. ¿Cómo era posible que unas semanas, o unos pocos meses sin clases, causaran un daño tan grande? Su nivel de inglés y matemáticas claramente no era el esperado. Pero más que nada, lo que me preocupó fue su actitud hacia el aprendizaje. Les costaba concentrarse y apenas podían mantenerse quietos.

Hazel Kuang, directora de educación de valores (al fondo), observa atentamente los desafíos que enfrentan las escuelas y sus docentes. Foto/Ihsuan Tsai
Sammi Bahn (al centro, con chaleco amarillo), voluntaria y estudiante universitaria, observa con atención cómo explicar problemas de matemáticas a los estudiantes de la escuela Aveson. Foto/Ihsuan Tsai

Pequeñas pegatinas, grandes impactos

Tras observar el progreso académico de los estudiantes, los voluntarios buscaron formas de apoyarlos. “Después de la primera clase, pensamos en llevar materiales que facilitaran la interacción y mejoraran su concentración”, explicó Shaw. “Para la segunda sesión, todos empezamos a llevar pegatinas como incentivo. Les encantaba usarlas para decorar sus tareas”, agregó con una sonrisa Sammi Banh.

Como estudiante de la Universidad Estatal de California, Fullerton, Sammi Banh encontró que enseñar inglés era relativamente fácil, pero explicar matemáticas a niños pequeños fue un reto mayor: “Tuve que aprender a expresar conceptos con palabras que ellos entendieran. Al principio usé mis dedos, pero cuando llegamos a números más grandes, comenzamos a dibujar círculos en papel para ayudarles a visualizar mejor los números,” relató. Para Banh, lo más valioso del programa de tutoría de Tzu Chi es el apoyo personalizado y sostenido que ofrece a cada estudiante.

Muchos de estos niños disfrutan que haya alguien interesado en lo que hacen y dispuesto a apoyarlos en su aprendizaje.

Comenzando con emoción

Además del apoyo académico, los voluntarios recordaban que los niños venían de hogares afectados por el desastre. Por ello, prestaban atención a su estado emocional y pausaban la lección cuando era necesario para brindar consuelo. “Si un niño estaba inquieto, dejábamos la lección a un lado y simplemente conversábamos”, dijo Shaw.

Voluntarios, vestidos con el uniforme de Tzu Chi, acompañan a los niños con paciencia y cuidado, ayudándolos suavemente a superar su trauma. Foto/Hazel Kuang

Este enfoque se reflejaba tanto en las interacciones diarias como en las clases de valores. Las escuelas y los padres coincidieron en la importancia del bienestar emocional. “Dado lo vivido por los estudiantes, esta etapa de educación en valores se centró en la regulación emocional: identificar sus emociones, reconocer la tristeza y apoyar a otros cuando están desanimados”.

La alegría de los niños

Tras seis semanas de tutorías, los niños mostraron un progreso académico notable y un vínculo creciente con los voluntarios. Cada avance, por pequeño que fuera, fue valorado. “Hoy, los niños leyeron en voz alta sin omitir palabras desconocidas, tal como se esperaba. Una niña que antes evitaba el contacto hoy se sentó a mi lado y me dio un abrazo al despedirse, me conmovió profundamente”, compartió Rosi Ueng, voluntaria de Tzu Chi. Ver ese cambio reafirmó su compromiso.

En la última sesión, los estudiantes entregaron a los voluntarios tarjetas hechas a mano con mensajes de agradecimiento escritos por ellos: 

“¡Fue muy divertido! Me gusta cuando nos ayudan a leer palabras diferentes.”

“Gracias por dedicar tiempo a leer con nosotros y me gustó que nos dieran pegatinas.”

“Son muy amables con nosotros. Son amables con toda la clase porque son los mejores voluntarios.”

“¡Espero verlos de nuevo pronto!”

La presencia de los voluntarios despertó en los niños la curiosidad y la alegría por aprender.

Niños expresan gratitud por la compañía de los voluntarios a través de coloridos dibujos con crayones y emotivas notas de agradecimiento. Foto/Cortesía de la Fundación Educativa Tzu Chi

El aprecio no vino solo de los niños; también maestros y directores expresaron su gratitud hacia los voluntarios.

“A los niños les gustaba estar con los voluntarios. Cada vez que entrábamos al aula, aplaudían en silencio. Al final de cada clase, los maestros nos agradecían y decían que esperaban contar con nuestro apoyo el próximo semestre. Incluso algunos comentaron que les gustaría que todas sus clases tuvieran acceso a voluntarios de Tzu Chi”, relató Kuang.

“Creo que están en conversaciones para hacer un programa de verano. ¡Ya les hice saber que me interesa participar!” comentó Bahn.

Cada vez que iba a la clase, me ponía el uniforme de Tzu Chi y mi gafete con nombre. Espero que los niños recuerden el uniforme de ‘cielo azul y nubes blancas’ de Tzu Chi. Dar tutorías y estar presente para los niños también es parte de servir a la comunidad. ¡Si hay un programa de tutorías el próximo semestre, ya les dije que me inscriban!

Aunque en la última sesión de tutorías no hubo tiempo para una despedida formal, con la esperanza de todos de volver a encontrarse, quizás ese esperado reencuentro no esté muy lejos.

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