Los devastadores tornados azotaron varias zonas del medio oeste y el sureste de Estados Unidos entre el 15 y 16 de mayo de 2025. Foto/Bornain Chiu
Escrito por: Adriana DiBenedetto
Traducido al español por: Juan Bonilla
Editado por: Esperanza Balaguer
Publicación #28
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Mientras los voluntarios de Tzu Chi conducían bajo un cielo gris cubierto de nubes, veían a su paso automóviles destrozados y retorcidos, restos de árboles partidos y grandes electrodomésticos arrojados por doquier.
Las casas tenían los techos arrancados y las vigas que habían quedado expuestas estaban cubiertas con lonas. En una vivienda, solo quedaban en pie una pared y el marco de una puerta; el resto de la estructura, antes llena de recuerdos y momentos vividos en su interior, se reducía a una pila de escombros. Muchas de ellas habían sido completamente arrancadas de sus cimientos.
La trayectoria del desastre se podía distinguir con claridad desde el aire. En medio de la escena de devastación, algunos ya habían comenzado a reconstruir sus casas.
Siguiendo los pasos destructivos de la tormenta
Entre el 15 y el 16 de mayo de 2025, un devastador enjambre de tornados azotó el medio oeste y el sureste de los Estados Unidos. Uno en particular, de categoría EF4, recorrió 60 millas atravesando Somerset y London, Kentucky. Las consecuencias fueron catastróficas para las viviendas y los vecindarios. Por desgracia, hubo que lamentar la vida de 19 personas, 17 de ellas en London. Además, dejó a más de 100 personas heridas. Este tornado fue el más mortífero registrado en el este de Kentucky desde que va del año, donde tres de ellos han alcanzado daños de categoría EF4 en el estado. En el condado de Laurel, destruyó o dañó 1.500 viviendas y provocó pérdidas valoradas en 350 millones de dólares.
El 26 de mayo, durante el feriado del Día de los Caídos, un equipo de tres voluntarios de Tzu Chi del Centro de Servicio de Columbus, Ohio, llamados Bornain Chiu, Henglin Wang y Teh-Hong Lee, partió hacia Kentucky. Tras cuatro horas de viaje, llegaron al Centro de Operaciones de la Cruz Roja en London, donde se reunieron con Lynne Washbish, directora ejecutiva de la sede Bluegrass de la Cruz Roja Americana, y con la veterana voluntaria Patty Flowers. Juntas comenzaron a trazar el camino a seguir, revisando y coordinando la operación de evaluación de daños de Tzu Chi en colaboración con la Cruz Roja. Ambas, llevaban ya varios días entregando su esfuerzo para salvar a los afectados.
“Con las inundaciones y los tornados constantes, teníamos que venir”, compartió Washbish. Las dos organizaciones intercambiaron sus experiencias de respuesta ante los desastres y fotografías para evaluar la situación del terreno. Flowers se mostró aliviada al recibir de nuevo a los voluntarios de Tzu Chi, con los que ya había colaborado previamente en Carolina del Norte, para prestar su ayuda en Kentucky. Por su parte, Washbish añadió que ya había trabajado con Tzu Chi en dicho estado durante anteriores distribuciones de suministros y que confiaba plenamente en la capacidad de la fundación para levantar a las comunidades afectadas. Según explicó Washbish, entre 20 y 25 voluntarios de la Cruz Roja eran locales, mientras que el resto había viajado desde distintas partes del país para ayudar. “Ahora tenemos alrededor de 109 personas en el terreno”, agregó Flowers.
Antes de dirigirse a los vecindarios más afectados, Flowers y Washbish presentaron al equipo de Tzu Chi un informe sobre la situación y les explicaron las funciones del centro de operaciones móvil establecido en la zona más afectada. También compartieron las conmovedoras historias de ayuda mutua dentro de la comunidad. Cuando Flowers se acercó a las iglesias para pedirles que abrieran sus puertas como refugios, muchas respondieron: “Estamos llenos de suministros”. Una y otra vez, cuando las donaciones escaseaban, todos respondieron de inmediato sin dudarlo.
“Este espíritu de cuidado mutuo es algo que nunca había visto en otro lugar”, reflexionó Flowers. “Todos velaban por los demás”.
El voluntario de Tzu Chi Teh-Hong Lee reconoció en la comunidad la misma compasión que inspira las misiones de Tzu Chi. Según explicó, cuando se unió a la fundación, sintió que era un destino para toda la vida. “Por eso es tan fácil para nosotros colaborar con ustedes”, respondió Washbish. “Porque todos sabemos lo que estamos haciendo aquí y por qué, de alguna forma caminamos al mismo ritmo”.
Más tarde, los voluntarios visitaron un centro local de suministros, donde fueron testigos de la solidaridad de la comunidad. Los voluntarios locales saludaron al equipo de evaluación y enseguida se pusieron a trabajar. Un grupo de sobrevivientes llegó en busca de herramientas para reparar sus hogares. Washbish explicó que los artículos de construcción como palas, rastrillos y cubetas son muy útiles para que la gente pueda comenzar de nuevo, pero que resultan muy difíciles de conseguir en momentos así. A disposición de los afectados, había ropa, rastrillos, trapeadores, palas, contenedores de almacenamiento y artículos de higiene personal, entre otros artículos. Así como, cubetas para que los sobrevivientes pudieran cargar y transportar todos los suministros que necesitaran.
El tornado no solo arrasó calles residenciales, también cruzó la autopista y golpeó el Aeropuerto London-Corbin, explicó Flowers. Los hangares quedaron destrozados y se perdieron todas las pequeñas aeronaves en su interior.
Mientras, una excavadora amarilla trabajaba cerca y su constante pitido resonaba en medio del ventoso paisaje.
Al regresar al Centro de Operaciones de la Cruz Roja, Bornain Chiu reflexionó sobre el colosal y aterrador poder de la naturaleza. Los equipos de Tzu Chi y de la Cruz Roja organizaron los siguientes pasos a seguir y eligieron los lugares para las futuras distribuciones. Antes de despedirse, Flowers abrazó al voluntario Teh-Hong Lee para transmitirle su esperanza de que Tzu Chi pueda brindar más ayuda a los sobrevivientes con un cuidado tangible y un apoyo real.
Justo antes de salir de London, los voluntarios fueron testigos del cortejo fúnebre de un bombero que había fallecido durante la tormenta. Miembros del cuerpo de bomberos y de la policía local le rindieron un solemne homenaje, acompañados por los voluntarios de Tzu Chi y de la Cruz Roja. En ese momento profundamente conmovedor, todos compartieron la esperanza de una temprana recuperación.
Unidos para traer esperanza



El 7 de junio, bajo un calor sofocante que superaba los 103 °F, más de 50 voluntarios de la Región Medio Oeste de Tzu Chi USA y de cuatro centros de servicio distintos se reunieron en la localidad de London, Kentucky, e hicieron realidad su sueño de ayudar. Muchos habían manejado tres, cuatro e incluso seis horas y media para estar presentes. Chong Hsieh, director ejecutivo de la Región Medio Oeste de Tzu Chi USA, anunció que era momento de poner en práctica las enseñanzas de la Maestra Cheng Yen.
Ese día, el Palacio de Justicia del Condado de Laurel se convirtió en el corazón de los esfuerzos de ayuda. El juez ejecutivo David Westerfield ofreció el edificio con generosidad, asegurándose que los sobrevivientes recibieran el apoyo esencial en un espacio digno y accesible. La Cruz Roja, una vez más como estrecha aliada, estuvo hombro a hombro con Tzu Chi, encarnando el espíritu de colaboración que había marcado la respuesta desde el inicio.



Los voluntarios prepararon con cuidado varias filas de mesas con todo lo esencial para ayudar a las familias a dar los siguientes pasos. Antes de la llegada de los afectados, ya tenían las cobijas, las alcancías de bambú y las tarjetas de efectivo listas para la entrega. Al finalizar el día, repartieron un total de 175 mantas, 103 alcancías y 76.000 dólares que fueron directos a las manos de los sobrevivientes, beneficiando a 291 personas de 103 hogares.
El desarrollo de la jornada evidenció que para la mayoría de las familias que acudieron en busca de ayuda al palacio de justicia era el primer momento desde el paso del tornado que pudieron hacer una pausa, sentarse y respirar. Las lágrimas fluían libremente mientras los voluntarios se inclinaban con respeto, para ofrecer ánimo y consuelo.
“Creo que Tzu Chi y la Cruz Roja se alinean tan bien porque ambos somos como la cobija sobre los hombros de un sobreviviente”, reflexionó Lynne Washbish. “Estaremos ahí hasta que puedan levantarse de nuevo”.
Los voluntarios de Tzu Chi se esfuerzan por ser de los primeros en llegar y ser los últimos en irse. Su objetivo es brindar consuelo lo más rápido posible y asegurarse de que la esperanza perdure a lo largo del arduo camino hacia la recuperación para que los supervivientes sepan que su familia global de Tzu Chi está aquí para ellos. Con el amor como guía, no hay límites para el bien que podemos hacer juntos.