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Solo a través del aprendizaje podemos despertar y crear beneficios para el mundo con sabiduría

Traducido por Dharma as Water Dev. Dept., Tzu Chi USA

Publicación #28

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Si queremos eliminar todos los desastres en este mundo, debemos comenzar por mejorarnos a nosotros mismos. Cuando nuestro corazón y nuestra mente están sanos, nuestra sociedad, nuestro país y, algún día el mundo entero, estarán en armonía. Cuando todos seamos felices, el mundo estará en paz.

El pasado 6 de julio, el tifón Danas se convirtió en el primero en décadas en tocar tierra en el condado de Chiayi, situado al suroeste de Taiwán. Fue extremadamente poderoso. Los techos de las casas volaban arrancados por los fuertes vientos, mientras la intensa lluvia continuaba cayendo dificultando la vida de sus habitantes. Este único tifón causó cuantiosos problemas a mucha gente. Debemos venerar el poder de la naturaleza, amar a la Tierra y, a la vez, cuidar de todas las personas en el mundo. Nuestra labor caritativa debe movilizarse con toda su fuerza. En momentos como este, sin importar la riqueza o la pobreza, debemos pasar a la acción de inmediato para llevar paz al corazón de las víctimas y ayudarlas a rehacer sus vidas.

En esta ocasión, las tres ciudades de Yunlin, Chiayi y Tainan se vieron afectadas por la catástrofe climática. Estoy agradecida de que los voluntarios de Tzu Chi en el sur de Taiwán se unieran con entusiasmo junto a otros de otras regiones del país para asumir la responsabilidad de socorrer a las víctimas. Los Bodhisattvas aparecen donde se les necesita, llegan sin ser llamados. A ellos son a los que solemos llamar “maestros no convocados”. Los voluntarios de Tzu Chi en Taiwán lograron convertirse en uno de ellos con su unidad. El desastre afectó personalmente a algunos de ellos. A pesar de ello, dejaron de lado sus propias preocupaciones y dieron un paso al frente para resolver primero las dificultades de otros antes de atender sus propios asuntos. Por este motivo, digo que los voluntarios de Tzu Chi tienen verdaderos corazones de Bodhisattvas, dan con amor. Como familiares en el Dharma, también debemos cuidarnos y valorarnos los unos a los otros.

A principios de julio, cuando viajé al sur de Taiwán, me reconfortó mucho escuchar a los voluntarios de Tzu Chi compartir sus reflexiones sobre el cuidado mutuo. En el pasado, durante las ayudas de emergencia tras cada tifón, lo que más me hacía sentir calidez era poder ofrecer comidas calientes a los afectados. Esa sensación la he tenido desde los primeros días en los que Tzu Chi comenzó a ofrecer auxilio a los supervivientes de los desastres. Incluso cuando recolectaba arroceras de diferentes hogares para preparar alimentos, podía sentir la sinceridad de todos, poniendo el corazón y su esfuerzo al servicio de la sociedad.

Ya sea en Taiwán o en el extranjero, siempre que ocurre una catástrofe, mi primera pregunta es: ¿Están todos a salvo? Una vez seguros de cómo está la situación, podemos salir a recopilar información, brindar cuidado y evaluar la forma más efectiva para ayudar. Las organizaciones caritativas existen para atender las necesidades de la sociedad, pero más allá de eso, Tzu Chi practica la bondad amorosa incondicional y la compasión universal. Incluso cuando otros no tienen conexión kármica con nosotros, ni son familiares ni conocidos, respondemos a sus clamores de sufrimiento, para ofrecerles consuelo, compañía y el oportuno apoyo. Esto es lo que hacen los Bodhisattvas: son seres despiertos.

La obra caritativa de Tzu Chi ofrece asistencia inmediata ante las situaciones de emergencia, pero también debemos procurar que las personas sientan el amor. Que la comida que reciban les permita saciarse, que los fondos distribuidos o la ayuda brindada les proporcione paz en el corazón y estabilidad en sus vidas. La ayuda económica no tiene porqué ser un gesto superficial o simbólico. Por eso, necesitamos que todos nos unamos, aplicando una sabiduría pura e inmaculada, para discernir cómo actuar. Solo con conocimientos podemos crear beneficios para la humanidad.

Por este motivo, hablo a menudo del aprendizaje y el despertar. En tiempos ordinarios, nos educamos de manera continuada. Aprendemos a ser Bodhisattvas, aprendemos a ser “seres conscientes despiertos” y lo hacemos de la forma correcta. Así que cuando sucede algo extraordinario, actuamos de inmediato, usando nuestra sabiduría adquirida. Esto también es una oportunidad de crecimiento, una prueba de nuestra capacidad de responder y adaptarnos a las circunstancias adversas.

Durante los pasados meses, no solo Taiwán ha experimentado tifones, en todo el mundo ha habido muchos casos de desequilibrio de los cuatro elementos. Las crisis de nuestra era son graves. La falta de armonía entre las personas, sumada a la avanzada tecnología, pueden acarrear consecuencias sin precedentes y provocar tragedias humanas irreversibles.

Mi corazón siempre está lleno de preocupaciones, pero lamentarse sin actuar no sirve de nada. Debemos entregarnos de inmediato cuando surge una catástrofe. Además de hacer todo lo posible por prevenir desastres, lo más importante es llevar pureza al corazón de las personas que los sufren. Cuando nuestros corazones son puros, caminamos en la buena dirección; cuando actuamos con orden, la atmósfera se vuelve armoniosa. Si la vida humana carece de reglas y genera corrientes caóticas en la sociedad, las adversidades serán inevitables.

El Buda dijo que el mundo es como una casa en llamas y que los seres sintientes son como niños jugando en ese edificio ardiendo. Ignorantes e inconscientes, deseando poseer cosas, a pesar de que eso signifique destruir la Tierra. Cuando las cosas no salen como quieren, surge la ira, la furia les quema y pierden la calma. La ignorancia es como las chispas que se esparcen sin cesar, aumentando en número y convirtiéndose en fuegos kármicos.

Todos los seres sintientes poseen la naturaleza de la sabiduría del Tathagata y la misma gran compasión del Buda. Sin embargo, a lo largo de incontables vidas, se han separado cada vez más de su instinto búdico. El Buda vino a este mundo para enseñar a los seres a pasar de la ilusión al despertar. Esto requiere aprendizaje y conocimiento entre las personas. Hay que presenciar el sufrimiento para reconocer las bendiciones, así surgen las aspiraciones del Bodhisattva de aliviar el sufrimiento. Taiwán ha vivido en paz durante gran parte de las últimas décadas, pero cada desastre nos recuerda que debemos aumentar la vigilancia, aceptar con cuidado las lecciones de la naturaleza y orar por la paz con sinceridad en nuestros corazones. La sinceridad significa valorar a todos los seres vivos, apreciar la vida y expresarla a través del vegetarianismo tanto como sea posible. Al abstenernos de comer carne de seres sintientes y fomentar el vegetarianismo con sinceridad, expresamos un gran amor.

También debemos despertar el amor en el corazón de otros para hacer buenas obras en comunidad. Debemos expandir nuestro amor de manera infinita, reducir la codicia, disminuir el resentimiento y llenar el mundo de energía esperanzadora para que haya paz y el mundo quede libre de adversidades. ¡Por favor, todos, seamos más conscientes!

Compilado a partir de las enseñanzas de la Maestra del Dharma Cheng Yen, del 4 al 9 de julio de 2025.

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