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Sonrisas que Cruzan Fronteras:

La Misión Dental de Tzu Chi en Tijuana

Escrito por: María Pacheco

Publicación #28

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El equipo de la clínica gratuita, con médicos de Taiwán, Estados Unidos y México, realiza visitas domiciliarias a pacientes con necesidades especiales en Tijuana, brindándoles amor y atención mediante la colaboración transfronteriza. Foto/ Shuli Lo

En la zona suroeste de Tijuana, México, la salud dental ha sido históricamente un lujo inaccesible. La escasez de recursos médicos, sumada a las condiciones de pobreza y a la marginalidad han hecho que la atención odontológica sea un servicio casi inexistente. Para las personas con discapacidades físicas o mentales, el panorama es aún más duro. La falta de movilidad, las dificultades de comunicación y la precariedad de los sistemas de apoyo familiar hacen que, en muchos casos, los pacientes solo reciban atención en situaciones de emergencia cuando el dolor o la infección ya no puede esperar más.

Frente a esta realidad, un rayo de esperanza cruzó mares y fronteras para llegar hasta ellos. Con la unión de corazones y talentos de Taiwán, Estados Unidos y México, la Asociación Médica Internacional de Tzu Chi (TIMA) lanzó en julio de 2025 una misión dental sin precedentes diseñada para atender a los más vulnerables y, sobre todo, para sembrar la semilla de una atención compasiva y sostenible en la región.

Cruzando el océano por compasión

La tarde del 6 de julio de 2025, el Aeropuerto Internacional de Ontario, en California, se convirtió en el punto de encuentro de los médicos que, hasta ese día, solo se habían conocido a través de reuniones virtuales. A su llegada, los odontólogos taiwaneses del Hospital Tzu Chi de Hualien, Taichung y Kaohsiung fueron recibidos con cantos y sonrisas por parte de los voluntarios locales y por sus colegas de Estados Unidos. Aunque era la primera vez que se veían en persona, la calidez del recibimiento borró cualquier distancia. Más que un inicio, el encuentro parecía una reunión de viejos amigos.

Los voluntarios reciben al equipo de odontología a su llegada al campus de Tzu Chi en Tijuana ya entrada la noche. Foto/Shuli Lo
El médico de TIMA, Yi Pang Lee (izquierda), y niños del Aula Esperanza del campus de Tijuana posan para una foto. Foto/Shuli Lo

El equipo estuvo compuesto por el Dr. Yi Pang Lee, artífice de la misión, junto con los doctores Yi Jan Hzsa, Ming-Ju Lee, Tzu-ying Lee y Chinghsuan Huang, además del técnico ChuanI Lai. Desde Estados Unidos, se sumaron los doctores Lawrence Lai, Stephanie Chen y Hungyuan Yen. Todos ellos, unidos por la misión de aliviar el dolor de quienes no tienen acceso a la salud, emprendieron un viaje de más de tres horas hasta la sede de Tzu Chi en Tijuana.

Llegaron a las once de la noche. El cansancio del trayecto se desvaneció ante la cálida bienvenida de los voluntarios, que los esperaban con frutas frescas y bocadillos taiwaneses. En ese ambiente familiar, los médicos ofrecieron sus respetos a la Maestra Cheng Yen y compartieron la sencilla pero significativa cena preludio de los días de trabajo intenso que estaban por comenzar.

La semilla de la misión

El origen de esta iniciativa se remonta a una llamada de atención que realizó Jessica Su, voluntaria de Tzu Chi en Tijuana, quien al ver un reportaje sobre los servicios de odontología para pacientes con necesidades especiales en el canal de televisión de la organización, Da Ai TV, decidió pedir ayuda. “Aquí hay muchas personas que sufren, que nunca han visto un dentista. Necesitamos su apoyo”, avisó al tomar la iniciativa de solicitar la colaboración.

Médicos del equipo de la clínica gratuita y estudiantes del Aula Esperanza interpretan juntos y con alegría una pieza en lengua de señas. Foto/Shuli Lo
Médicos internos de la Secretaría de Salud de Baja California participan en la clínica gratuita del campus Tzu Chi Tijuana. Foto/ Shuli Lo

El Dr. Yi Pang Lee fue el encargado de transmitir la petición a la Maestra Cheng Yen, quien, al enterarse de la necesidad que había en Tijuana, puso en marcha la colaboración. Con la aprobación del director general de la Fundación Médica de Tzu Chi, Dr. Chin Lon Lin, la misión dio sus primeros pasos para hacerse realidad. No solo se estableció una clínica gratuita, también se creó un espacio de aprendizaje, intercambio y fortalecimiento de las capacidades de la gente local.

Preparativos: innovación y cercanía

Antes de iniciar la atención a los pacientes, los médicos y los voluntarios dedicaron varias horas a revisar cada pieza de los equipos médicos. Desde los generadores eléctricos hasta los delicados instrumentos dentales, nada podía quedar al azar. Durante este proceso, surgió una de las innovaciones técnicas más notables, el dispositivo portátil de succión de saliva creado por el voluntario Jason Wong.

El equipo de la clínica gratuita visita a familias locales para hacer donaciones. Foto/Shuli Lo

Inspirado por las necesidades de los doctores, Wong adaptó un sistema de bombeo de agua muy utilizado en las casas rodantes para convertirlo en un dispositivo de succión silencioso, portátil y sencillo de operar con el pie. El 7 de julio, los médicos lo probaron por primera vez y lo elogiaron como una herramienta que marcaría la diferencia en las atenciones a domicilio.

Durante los preparativos, los doctores también visitaron a varias familias atendidas por los voluntarios de Tzu Chi. En la casa de un pastor local, los médicos pudieron observar de cerca las precarias condiciones en las que vivían los pacientes y comprender mejor las dificultades a las que se enfrentaban. Estas visitas no solo ayudaron a planificar las consultas, también fortalecieron los vínculos humanos entre ellos. Los médicos extranjeros compartieron café y pan mexicano con las familias locales que les contaron sus historias de lucha y esperanza.

Cuatro días de compasión en acción

La misión comenzó de forma oficial el 9 de julio. El equipo se dividió en dos grupos. Uno atendía en el campus de Tzu Chi en Tijuana, mientras el otro realizaba visitas domiciliarias. En total, entre 15 y 18 personas participaron en cada equipo, incluyendo a los médicos, los internos de la Secretaría de Salud de Baja California (SSBC) y los voluntarios encargados de la logística.

Los médicos alternaron sus turnos, quienes visitaban pacientes en la mañana regresaban al campus en la tarde y viceversa. Esta rotación permitió que todos ellos vivieran los distintos escenarios y adquirieran experiencia tanto en la clínica como en los hogares.

La coordinación fue rigurosa. Antes de cada visita, los médicos revisaron los historiales médicos preparados por los voluntarios y por el único dentista de la sede de Tzu Chi en Tijuana. De este modo, cada consulta estuvo planificada con mucha sensibilidad.

Historias que marcan

Ana Karen, viviendo con parálisis cerebral

La paciente Ana Karen no podía mantenerse en pie y sufría movimientos involuntarios debido a la parálisis cerebral que padece. Durante años, su madre, María, se había enfrentado sola a la falta de atención médica. Ese día, con paciencia y ternura, los doctores lograron limpiarle los dientes a la hija, mientras enseñaban a su madre cómo continuar el cuidado en casa. “Estoy muy agradecida. En el pasado le sacaron muchas piezas porque no había otra opción. Hoy mi hija recibe un cuidado digno”, dijo con lágrimas en los ojos.

Un paciente con epilepsia

En otra visita, un paciente postrado en cama debido a la epilepsia sufrió un episodio de ansiedad durante la limpieza dental. Los médicos monitorearon en todo momento sus niveles de oxígeno y activaron el procedimiento necesario cuando descendían demasiado. Tras un intento parcial, instruyeron a la madre en técnicas de cepillado para preparar a la paciente poco a poco para futuras intervenciones. La paciencia y el respeto marcaron la diferencia.

Alma y su esposo con esclerosis múltiple

Alma abrió las puertas de su hogar para recibir a los médicos. Su esposo, que padece esclerosis múltiple, llevaba tiempo sufriendo problemas dentales. “Es un acto increíble que vinieran hasta aquí dos médicos de Taiwán y EE.UU solo para ayudar a mi esposo. Nunca lo vamos a olvidar”, expresó emocionada.

Maricela y su hija con polio

En el campus, Maricela y su hija Medrano, quien padece polio, recibieron transporte y atención especializada. “Nos sentimos acogidas, respetadas y cuidadas. Ojalá este tipo de servicio pueda continuar siempre”, compartió la madre con gratitud.

En cada historia se repetía un patrón: familias vulnerables que, por primera vez, recibían atención dental profesional y, más aún, un trato humano lleno de respeto y cariño.

Construyendo capacidad local

Además de atender pacientes, la misión se enfocó en formar a los futuros médicos de México. Los internos de la Secretaría de Salud de Baja California (SSBC), junto al trabajo codo a codo con los especialistas de la Asociación Médica Internacional de Tzu Chi (TIMA), aprendieron no solo las técnicas de limpieza, diagnóstico y manejo de pacientes especiales, sino también la importancia de la empatía.

Los voluntarios de Tzu Chi dan la bienvenida a un equipo de dentistas de la Asociación Médica Internacional Tzu Chi (TIMA) en el Aeropuerto Internacional de Ontario en el sur de California el 6 de julio de 2025. Foto/Shuli Lo

Victoria Flores, una de las internas, resumió la experiencia:
“Para atender a estos pacientes necesitas un gran equipo. Ellos no pueden venir, tú tienes que ir a ellos y llevar todo lo necesario. Estoy feliz de haber participado y de aprender que la compasión es parte del trabajo médico. Volvería a hacerlo sin dudar”.

Los doctores de TIMA compartieron que el objetivo no era solo aliviar el dolor de unos días, sino también sembrar la idea de que la medicina debe ser continua, estable y cercana. Como expresó un voluntario local: “No basta con clínicas temporales, necesitamos lugares fijos y un compromiso a largo plazo”.

Semillas de bondad en Tijuana

La misión dental de julio de 2025 en Tijuana fue más que un operativo médico, se convirtió en  un encuentro de culturas, saberes y corazones unidos por la compasión.

La Maestra Cheng Yen ya había dejado dicho: “Cuando hay afinidad kármica, no importa que la ayuda llegue tarde, lo importante es que llega”. Ese espíritu se hizo evidente en cada sonrisa recuperada, en cada madre agradecida y en cada médico inspirado a ejercer con humanidad.

Más allá del número de pacientes atendidos, lo que quedó fue la certeza de que la solidaridad puede cruzar océanos y derribar fronteras. La misión en Tijuana no solo devolvió sonrisas, también sembró un futuro más esperanzador, donde la salud oral deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho compartido por todos.

En los rincones más olvidados de Tijuana, las manos de Tzu Chi encendieron luces de esperanza. Y esas luces, silenciosas pero firmes, seguirán brillando.

El equipo de voluntarios dentales que atiende a pacientes con necesidades especiales en la clínica Tzu Chi Campus Tijuana posa para una foto grupal con los pacientes y sus familias después del tratamiento. Foto/ Shuli Lo

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